Su nombre ya está inscrito con letras de oro en la historia de este deporte. Por fin España se elevó hasta el cielo, ese sitio reservado para privilegiados, para proclamar su hegemonía futbolística a los cuatro vientos.
Fiel a su estilo y con su incuestionable filosofía y buen gusto, La Roja superó todos los obstáculos que surgieron en su camino hacia la gloria. El sueño de todos los españoles se hizo realidad y el 11 de julio de 2010 quedará grabado en nuestras memorias como uno de los días más felices de nuestras vidas.
Nadie olvidará ese control de Cesc, la apertura a banda y el disparo cruzado de Iniesta para darnos nuestro primer Mundial. El centrocampista manchego es ya historia viva de este país.